Stirling Moss, el caballero de la F1.

Escrito por: Iván Santamaría (RS: @gasandroads)

Corría el año 1948, a sus solo 18 años un joven Stirling Moss competía por primera vez en una carrera  oficial.

Hijo de un dentista de origen judío y aficionado a las carreras, en la casa de Stirling desde antes de su nacimiento ya olía a gasolina, tanto es así que Alfred Moss, su padre, llegó a competir en las 500 Millas de Indianápolis y su hermana pequeña Pat fue piloto de rallies.

Tan solo 3 años después, en 1951 debutó como piloto de Fórmula 1 en el GP de Suiza, conduciendo un HWM-Alta en el circuito de Bremgarten, Berna. Quedando en un sorprendente octavo puesto, corriendo contra leyendas como Nino Farina o Juan Manuel Fangio. Al año siguiente no llegó a competir, pero fue en 1954 cuando empezó su escalada hacia el éxito, consiguiendo su primer podio a bordo de un Maserati 250F, de su propiedad,  en el GP de Bélgica, celebrado en Spa-Francorchamps, quedando en tercer lugar, por detrás de Maurice Trintignant y Juan Manuel Fangio. 

En 1955 Stirling Moss ganó el GP de Gran Bretaña, celebrado en el circuito de Aintree, esta vez a bordo de un Mercedes 300SLR quedando por delante de su compañero de equipo Juan Manuel Fangio, quien quedó segundo en su coche “hermano”. Se dice que Fangio le dejó ganar.

Ese mismo año ganó el RAC Tourist Trophy, el Targa Florio y la Mille Miglia. De esta última carrera hay una anécdota muy curiosa y es que Fangio antes de la carrera le dió a Moss una “pastilla mágica”, la cual no solo le hizo completar la carrera en 10 horas y 7 minutos, sino que cuando terminó la carrera, se fue a llevar a su novia hasta Colonia, parando a desayunar en Munich y almorzando en Stuttgart, más de 1500 kilómetros después de haber corrido la Mille Miglia. Parece que esas pastillas eran “mágicas” de verdad.

En los años sucesivos Moss siguió ganando Grandes Premios, como los de de Mónaco e Italia, pero a pesar de esos buenos resultados Fangio lo terminó superando en puntos en la general. 1958 pudo ser el año decisivo para Moss, ya que Fangio solo pudo disputar dos carreras, quedando en cabeza y ganando los Grandes Premios de Argentina (Autódromo Nacional de Buenos Aires), Holanda (Circuito de Zandvoort), Portugal (Circuito de Boavista, Oporto) y Marruecos (Circuito de Ain-Diab, Casablanca) Pero debido a la regularidad del piloto británico Mike Hawthorne este se llevó el título mundial por solo un punto de ventaja.

Pero el 23 de Abril de 1962 a 4 vueltas del final de carrera, todo dio un giro inesperado…

En las 100 Millas de Goodwood para F1 y a una velocidad cercana a los 200 kilómetros por hora, Moss pierde el control de su Lotus en la curva de St Mary, sufriendo una violenta colisión que hizo que su cabeza impactara contra el volante creándole graves heridas en la cabeza, lo que le provocó que pasase varios días en coma. Tardaron más de 40 minutos en poder cortar los tubos del del marco que tenían atrapado al piloto dentro de su Lotus V8.

Tras más de medio año de recuperación y volver a las carreras, decidió retirarse, aunque nunca dejó de lado el mundo del automovilismo, siendo comentarista de la NASCAR americana hasta 1980, donde comenzó a correr de nuevo en el campeonato británico de turismos. Desde entonces y hasta el año 2011, donde dejó de manera definitiva de subirse a coches, sus apariciones en el mundo del motor fueron esporádicas, como comentarista, colaborador y piloto en carreras de clásicos.

A pesar de no haber llegado a ser campeón del mundo, Moss era un piloto versátil y muy competitivo, de 529 carreras en las que participó, ganó 212 en todo tipo de disciplinas, como puede ser Formula 1, Rally, Turismos y un largo etcétera. Esto le llevó a incluirle en el International Motorsport Hall of Fame en 1990 y a su máximo reconocimiento como Caballero del Imperio Británico en el año 2000 por parte del Príncipe Carlos.

Hay quien dice que era un ligón incorregible, comentarista muy crítico e incluso un conductor temerario, hasta el punto de pararle la policía por exceso de velocidad y decirle “¿Usted quién se cree, Stirling Moss?”, algo que le costó un buen rato explicarle al agente y convencerle que de verdad se trataba del verdadero Stirling Moss. A pesar de todo ello, los que le conocían de verdad coinciden en que era un verdadero caballero en el amplio sentido de la palabra y alguien con quien se podía hablar durante horas si tan solo mostraba una pasión compartida por el automovilismo.

Desgraciadamente, el pasado 12 de Abril a la edad de 90 años y tras una larga enfermedad, nos dejó el “Campeón sin corona de la F1”. Según un escueto comunicado de su esposa, Lady Moss, “Ha muerto como siempre ha vivido, luciendo de una manera maravillosa. Simplemente estaba cansado al final y cerró sus ojos, eso ha sido todo”. Una triste noticia para el mundo del automovilismo, pero que dejó una gran leyenda.

Allá donde esté, Sir Stirling Moss, gracias por todos esos momentos que nos ha dado en la historia del automovilismo.

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